
Todo fue como un sueño, tanto así que hoy no estoy segura que efectivamente haya sucedido. La prueba de realidad puedo encontrarla preguntando a los demás, pero no lo haré, porque prefiero no saber. Además los detalles más importantes están detrás de tu puerta y me basta con que tú y yo los sepamos.
Esa noche fui a verte, sólo a verte. Y llegaste, como siempre... tan distante. Me saludaste y cruzamos, como siempre, algunas palabras sin mayor importancia, los cigarros y el alcohol nos permitián actuar con cierta naturalidad, sabiendo que ya nada es natural entre nosotros.
Cuando alguien me hablaba no podía evitar mirarte, tu también a ratos estabas mirándome. No puse atención a nadie más. Las conversaciones del resto flotaban en el aire y a mí no me importaba nadie más que tú.
De pronto no estabas y te fui a buscar. Te encontré tirado en tu cama con la puerta entre abierta. No pregunté nada, sin pensar, casi por impulso me acosté a tu lado, sin tocarte, sólo a tu lado y me dormí ahí. Aunque no lo creas, no pretendía nada más, quería sentirte cerca, ni siquiera te miraba, me bastaba sentir tu cuerpo junto al mío.
Dormí, hasta que te levantaste a cerrar la puerta. No supe nada de los demás. Volviste a la cama y sentí el peso de tus manos en mi cintura, suaves, lentas, sin urgencia.
Los minutos siguientes me dejé llevar, te besé suavemente, con los ojos entreabiertos. Nos acariciamos largamente. Sentía mis brazos pesados, cada movimiento tardaba más de lo habitual. Tocar tu cara era un ejercicio de precisión única. No dijiste nada, yo tampoco. Por miedo a que cualquier conversación me sacara de esa nube tibia y cómoda, me quedé en silencio...
Te abracé para no dejar de sentir tu cuerpo, me pegué a tí como si fuera a caer si te soltaba.
Al llegar los rayos de sol a mi cara desperté. Eran las 9 de la mañana del viernes, lentamente me bajé de la cama y empecé a recolectar mi ropa que estaba por todos lados. Miré tu habitación, estaba algo cambiada. Volví a mirar para recordar.
Cuando ya estaba vestida, me acerqué con cuidado, te desperté y dije en voz baja: Me voy, abre la puerta por favor.
Me miraste, te pusiste una camisa y bajaste a dejarme a la puerta. Nos dimos un beso en la mejilla. Y sin decir nada más, salí de ahí antes de escuchar cualquier palabra que pudiera romper aquel instante.
------------------------------------------------------------------"Siniestro delirio amar a una sombra"
"La noche tiene la forma de un grito de lobo". A Pizarnik